Capítulo 2, primera parte.


"No pensaba en ese momento. Lo que ahora fluye de esto es porque lo recuerdo, está vivo y tatuado a fuego en mi. Te lo voy a contar tal cual lo viví."

Es un lugar, un momento hermoso y perfecto. Soy parte y a la vez espectadora de cambiantes figuras que se alternan con flores fugaces, que aparecen y desaparecen. Mutan tanto en colores, como en dimensiones y especies. Su belleza aumenta, los brillos impactan. Soy protagonista de esta película de efectos especiales. Floto por senderos rodeados por piedras brillantes y multicolores. Admiro, disfruto cada instante. No analizo, permanezco en éxtasis ante tanta belleza. Soy parte de esto y todo esto es parte de mi. Vivo al máximo cada color, cada brillo.


En el preciso instante en el que me pregunto ¿Qué hago acá? la sincronía perfecta del lugar desaparece. La mente se activa y los pensamientos bajan como redes infinitas por la cabeza. Comienzo a ser arrastrada por una fuerza que gira aceleradamente, succionada en círculos por un túnel oscuro. Siento pánico, esto no se detiene…. ¿Hacia dónde me lleva? Mis fluctuaciones mentales intentan dar respuesta a todo esto que sucede a la velocidad de la luz. Es un torbellino que gira retorciendo mi cuerpo, así lo siento.


Al fin se detiene.


Todo cambia cuando veo una luz blanca y brillante, inmensa que me encandila. Es otro estado, en otro momento. Me acerco a ella y va tomando una forma gigantesca que me cubre, dejándome en éxtasis, fundida en su luminosidad. Me voy acercando y ella me va abarcando. Veo una imagen al final de la luz... o tal vez al principio. Pierdo la relación tiempo y espacio convencional. Siento sus efectos, increíble calma, tranquilidad y perfecta paz.


Rompiéndose el hechizo escucho una voz firme que proviene de esa imagen luminosa. Está diciendo mi nombre:
- Susana, Susana, volvé, tenés que volver…
Lo repite varias veces más. No sé cuánto tiempo llevo aquí, para mi es poco. Estoy cautivada, aletargada, deseo fundirme más y más en ella, en su brillo. Quiero permanecer así, pero la imagen desaparece. A lo lejos en tono imperativo y más claro aún escucho:
- Tenés que volver... tenés que volver.


Estoy deslumbrada, sin respuesta ante todo esto que estoy viviendo. No quiero que ella se vaya ¿Volver a dónde? De repente veo con claridad dos rostros conocidos Clarisa y Cristian, mis hijos.


*


Abro mis ojos. Veo más rostros conocidos, mi mamá y mi hermana que viven en Mendoza. Toma mi mano Juanjo, mi esposo, mirándome. Quieren sonreír, pero sus lágrimas hablan más.


Entonces quiero contarles y no sale mi voz... toco mi rostro, mi boca, quiero moverme y tampoco puedo. Sólo veo sus rostros…, veo enfermeras, médicos. Tengo tubos conectados en mi garganta, sueros... sin embargo esto no me preocupa. Me siento muy, pero muy feliz, ya que la permanencia en esa la luz dejó en mí un estado perfecto de felicidad.


Al despertar creí que sonreía a todos los que estaban a mi lado, ahora sé que no. Mi sonrisa física, mi mandíbula y mi voz ya no están. Cierro los ojos y quisiera pedirle a todos los que se acercan a verme que los cierren y así visualizar juntos desde un lugar más profundo. Que imaginen un sin espacio, un sin tiempo y una profunda conexión con una inmensidad maravillosa. Y así, en un silencio total, recuerden algún momento de su vida en que hayan sentido tanto, pero tanto amor materializado en alguien, que sólo eran uno. Una simbiosis, una perfecta unión, un flotar en conexión. Me urge compartir lo que viví, sin embargo me conformo con guardar ésto como un símbolo. La certidumbre de esa claridad ha quedado grabada en cuerpo, mente y corazón. Este sentir tan hermoso es real y aunque me explican qué tengo y qué me ha pasado no me importa ¡Quiero seguir en ese estado! Con el pasar de las horas este sentir comienza a diluirse.

❗ Continuará el próximo viernes.
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