Capítulo 3, segunda parte


Médicos, familiares, amigos, compañeros de trabajo de mi esposo, enfermeras y todos los que van conociendo mi caso se conmueven. A pesar de la angustia propia de la situación, se vive un clima de encontrar caminos y soluciones. La energía de todas las personas que me acompañan fuera de la sala me llega a través de lo que me van contando.

 

Una enfermera es mi vecina. Nunca mostró signos de cordialidad. Sin embargo toma horas extra para limpiar las secreciones que salen de mi garganta por el tubo que tengo conectado. Es afectuosa y me acompaña de modo que me siento protegida con ésta demostración genuina de amor. Si bien aparentaba en su vida diaria ser una persona no muy amable, en realidad lo es. Deduzco que vive con una energía diferente por su trabajo. Lo que hace por mí de seguro es parte de su vida. Convivir y estar en la piel de otros no es fácil.

 

Pasan los días y mi cuerpo se deteriora a pasos acelerados. No pueden controlar la infección, pero lo que preocupa a los médicos son las consecuencias del latigazo cervical recibido durante el accidente. Consideran que debo ser trasladada a un hospital de alta complejidad para ser sometida a una cirugía en primera y segunda vértebra, Axis y Atlas. A su modo de ver esto permitirá luego poder trabajar sobre el resto del cuerpo evitando cualquier daño en la médula.

 

¡Tengo tantas ganas de mejorar, quiero salir adelante! Médicos, amigos y familia ayudan. Juanjo no llora, actúa y se mueve. No es frialdad, es angustia en acción.

 

Durante el día recibo visitas de mis afectos. Cuando llega la noche estoy a solas con la enfermera de turno, a menudo entra un ratito mi marido, pero es tan tremenda la infección y los dolores que no consigo dormir, apenas si junto los ojos. Los calmantes ya me no alivian, sólo la música. Escucho a Facundo Cabral y la letra de una de sus canciones queda grabada en mí mente “no soy de aquí, ni soy de allá…”

 

*

 

Quedo a solas con Juanjo y le escribo lo mal que me siento. Intenta darme ánimo. Me cuenta que durante el traslado en ambulancia a esta clínica, tuve dos paros cardiorrespiratorios. El me acompañaba en el traslado y rogaba para que no muriera allí.

-Que alivio sentí al verte abrir los ojos otra vez!

 

Recuerdo mi despertar en esta cama y la intensa felicidad vivida. La relaciono con estos momentos en los que estuve al borde de la muerte... ¿Será que eso es estar muerta?

 

Ese estado de felicidad a la vez que me da fuerzas para vivir, también me da la pauta que no soy sólo un cuerpo físico que se mueve en una realidad concreta, sino que soy algo más que eso...

 

❗ Tendremos novedades para el próximo viernes.

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